lunes, 30 de agosto de 2010

Independencia del Rio de la Plata

“A principios del siglo XIX, la próspera provincia de Buenos Aires, situada en el enclave comercial de Río de la Plata, reunía las condiciones más favorables para la emancipación. Las oligarquía mercantil criolla de la ciudad anhelaba el libre comercio y el final del monopolio español. Además, había demostrado recientemente su capacidad de combate y la ineficacia de las autoridades españolas. En 1806, Buenos Aires fue atacada por una flota británica ante la cual el virrey no opuso resistencia: los invasores ocuparon la ciudad, pero fueron expulsados al año siguiente por una milicia del pueblo de Buenos Aires. Esta acción preparó a esta colonia española para enfrentarse al dominio virreinal.
Tras su abdicación del monarca español, el pueblo de Buenos Aires se negó a reconocer a José Bonaparte y, el 25 de mayo de 1810, obligaron al virrey Cisneros a renunciar y establecieron la primera Junta de gobierno a nombre de Fernando VII de la cual siete miembros eran criollos y dos españoles. Casi de inmediato, la mayoría criolla de la Junta expulsó a todos los funcionarios españoles y mostró tendencias separatistas al establecerse como Provincias Unidas. Esto provocó que las autoridades de la Banda Oriental, de Córdoba y de Asunción, se negaran a aceptar el centralismo de la Junta de Buenos Aires y se mantuvieran, al menos por el momento, fieles a las Cortes de Cádiz. Surgió entonces una seria rivalidad entre las diferentes provincias que mezcló la lucha libertaria con una guerra interna que puso en peligro el proceso de independencia.
A pesar de esos contratiempos, el movimiento emancipador ya no se pudo detener; gracias a las campañas del general Manuel Belgrano en el norte y a las del general José de San Martín, que liberaron Argentina, Chile y Perú, se procedió a la declaración formal de la Independencia del 9 de julio de 1816, acordada en el Congreso de Tucumán, donde los delegados proclamaron la independencia de España y declararon la constitución de las Provincias Unidas de América del Sur, más tarde Provincias Unidas del río de la Plata. En un intento fundamental por lograr la organización nacional, se estableció un gobierno central denominado Directorio, con Juan Martín de Pueyrredón como primer director de la Argentina independiente. Sin embargo, pronto surgieron dificultades: cada región, esto es, Buenos Aires, el Interior y el Litoral, defendían sus intereses particulares e hicieron fracasar los sucesivos intentos de Buenos Aires por imponer un gobierno central.
Respecto de Paraguay, en 1811 este país había proclamado su doble independencia, de Buenos Aires y de España, y nombrado una junta gubernativa que luego fue reemplazada por José Gaspar Rodríguez de Francia, designado Dictador Supremo de la República. En cambio, Uruguay vivió un proceso distinto; en 1814, José Gervasio Artigas liberó la ciudad de Montevideo y expulsó al gobernador español, pero dos años después los portugueses de Brasil invadieron el territorio, presuntamente para reestablecer el orden al percibir que Uruguay se había debilitado tras su lucha contra España; en 1821, el territorio fue anexado por Brasil.”
(Delgado, Historia Universal. Ed. Pearson. México, 2001. pp. 90-92)

“En 1819 se promulgó en Buenos Aires una Constitución política que, por ser unitaria, centralista y autoritaria, aumentó las discordias entre los federales de las provincias y los unitarios del puerto de Buenos Aires, y provocó una violenta sublevación de parte de los primeros, quienes proclamaron en Santa Fé la primera Constitución provincial contraria al centralismo. En 1825 hubo un nuevo intento por crear una Constitución que dejara satisfechos a ambos bandos, pero el empeño fracasó y Argentina estuvo a punto de caer en una guerra civil al tiempo que enfrentaba un conflicto bélico con Brasil, país que pretendía anexarse parte del territorio del noreste argentino. La guerra con Brasil duró tres años y finalizó con un tratado de paz entre ambas naciones en el que Argentina reconoció la independencia de la provincia Oriental, que se convirtió en República de Uruguay.”
(Idem p. 101)

“Entre los integrantes de la Asamblea, vendrían a dibujarse tendencias políticas o ‘facciones’ como se les llamó entonces, que según Matías Zapiola, eran: los ‘ conservadores’ compuesta por Alvear y seis más; los ‘independentistas’, formada por los amigos de San Martín, en número de cuatro; los indecisos, (...)
La facción alvearista, impedido -...- el ingreso de los diputados orientales que hubieran reforzado el bando sanmartiniano, fue la que predominó en los debates de la Asamblea y terminó por arrastrar a sus posiciones a la mayoría de los indecisos (...), siguiendo, dócilmente, las ‘sugestiones’ y ‘consejos’ del gabinete inglés, trasmitidos por el sagaz Lord Strangford y sus agentes. De ahí el tono cauteloso y dirigido a reformas internas para satisfacer las proclamadas consignas liberales ante la opinión y el enmascaramiento de la ‘Independencia’ y la postergación de la ‘Constitución’.
El funcionamiento de la Asamblea, por lo demás, no fue continuo. A partir de su instalación, el 31 de enero, hubo sesiones hasta el 8 de setiembre de 1813; el 1º de octubre se reiniciaron hasta el 18 de noviembre de 1813; luego hubo un tercer período, desde el 21 de enero al 8 de febrero de 1814; uno muy breve del 25 al 31 de agosto del mismo año; y el quinto y último, fue del 5 al 30 de enero de 1815, a partir de cuya última fecha la Asamblea no volvió a reunirse, quedando disuelta, simultáneamente con la caída del Director Supremo Alvear, el 15 de abril de 1815.”
(Reyes Abadie – Artigas y el federalismo en el río de la plata. Ed. Banda Oriental. Uruguay, 1976. p. 92)

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